Me deleito de la ternura de sufrir por mucho y por nada, de cepillarme los dientes fumadores con las nostalgias del día a día que aburre de tanto pasar; me deleito, y no me disculpo por ello, de saber que todos sufren igual y que lo disfrutan por poder confesarse que viven con ello… vivo con ello.
Me deleito y no me sorprendo al recordar lo hermoso y hacerlo terrible, detestable; me deleito en el drama imparable de los ojos siempre tristes del pasado, en llorar frente a las noticias infinitamente mejores que arroja un incansable televisor ausente, son mejores, no son mías.
Me deleito de tanto confundir con mis ojos melancólicos y mi sonrisa cínica; me deleito en que me pidan consejos que no tengo y además crean que son útiles cuando los invento.
Me deleito en que otros le den nombre a mis lágrimas y mis sonrisas, que mientan cuando dicen que me sufren en ausencia, que me sufren en presencia; me deleito y no me hastío cuando en el fondo sé que todo dolor y toda alegría no tienen nombre más que el mío propio, así de básica, así de mía.
Me deleito y no me caigo cuando los que más me aman me ignoran y me enseñan que nadie ni nada importa mucho, me deleito cuando me dan material para seguir quejándome de la vida, tomarme diez clonazepam y marearme de vez en cuando en las mentiras.
Me deleito en las falsas miradas comprensivas, porque nadie comprende, todos ignoran, todos solamente se autopadecen y por uno no lloran; me deleito y me sonrío porque sé de mentiras y verdades y la única verdad soy yo para mí, tú para ti, ellos para ellos, y todos los pronombres se resumen en uno.
Me deleito y descanso en que no me crean, en que me vean plata piedra; me deleito en la costumbre que he tomado de deleitarme de lo terrible, me deleito en ese espejo que siempre me insulta más de lo debido y en este cuerpo que felizmente me contiene y me detiene.
Me deleito en mi obsesión de odiar todo lo que amaste y no confiesas, en leerte y redescubrirme celosa, histérica, demasiado mujer, demasiado humana entre tus manos y tus letras para la diosa que mis padres sueñan de mí, me deleito y me duermo en que lo sueñen y lo sueñes y yo siga peleando por ser nada, roncando como gata desesperada.
Me deleito y no imagino, en que no entiendas nada ahora que lees, que no sepas ni de mi presente, ni de mi futuro y hasta dudes de las líneas torcidas que no viste…
Me deleito sinceramente y sin llantos, de dar paso al frente incólume, indolente.
Me deleito y no me río, me deleito y lo vivo, me deleito en desatino, me deleito y no me importa.
Me deleito y no me sorprendo al recordar lo hermoso y hacerlo terrible, detestable; me deleito en el drama imparable de los ojos siempre tristes del pasado, en llorar frente a las noticias infinitamente mejores que arroja un incansable televisor ausente, son mejores, no son mías.
Me deleito de tanto confundir con mis ojos melancólicos y mi sonrisa cínica; me deleito en que me pidan consejos que no tengo y además crean que son útiles cuando los invento.
Me deleito en que otros le den nombre a mis lágrimas y mis sonrisas, que mientan cuando dicen que me sufren en ausencia, que me sufren en presencia; me deleito y no me hastío cuando en el fondo sé que todo dolor y toda alegría no tienen nombre más que el mío propio, así de básica, así de mía.
Me deleito y no me caigo cuando los que más me aman me ignoran y me enseñan que nadie ni nada importa mucho, me deleito cuando me dan material para seguir quejándome de la vida, tomarme diez clonazepam y marearme de vez en cuando en las mentiras.
Me deleito en las falsas miradas comprensivas, porque nadie comprende, todos ignoran, todos solamente se autopadecen y por uno no lloran; me deleito y me sonrío porque sé de mentiras y verdades y la única verdad soy yo para mí, tú para ti, ellos para ellos, y todos los pronombres se resumen en uno.
Me deleito y descanso en que no me crean, en que me vean plata piedra; me deleito en la costumbre que he tomado de deleitarme de lo terrible, me deleito en ese espejo que siempre me insulta más de lo debido y en este cuerpo que felizmente me contiene y me detiene.
Me deleito en mi obsesión de odiar todo lo que amaste y no confiesas, en leerte y redescubrirme celosa, histérica, demasiado mujer, demasiado humana entre tus manos y tus letras para la diosa que mis padres sueñan de mí, me deleito y me duermo en que lo sueñen y lo sueñes y yo siga peleando por ser nada, roncando como gata desesperada.
Me deleito y no imagino, en que no entiendas nada ahora que lees, que no sepas ni de mi presente, ni de mi futuro y hasta dudes de las líneas torcidas que no viste…
Me deleito sinceramente y sin llantos, de dar paso al frente incólume, indolente.
Me deleito y no me río, me deleito y lo vivo, me deleito en desatino, me deleito y no me importa.


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