viernes, 29 de mayo de 2009

Manos en el Ajedrez



“La muerte hace ángeles de todos nosotros
y nos da alas donde teníamos hombros
suaves como garras de cuervo”
A feast of friends
Jim Morrison (An american prayer)




I

En su grave rincón, los jugadores

rigen las lentas piezas.

El tablero los demora hasta el alba en su severo

ámbito en que se odian dos colores.


Diez dedos dueños de mis sueños; dos, pulgar e índice, sosteniendo la hojilla homicida... ¿pero a quién engaño?, es suicida... “Otra vez lo olvidé, otra noche sin ver quién soy...” Persianas cerradas, teléfono descolgado, apenas la caliente luz de la hornilla iluminando el paso fugaz del metal brillando azul y el primer corte... ¡Coño! ¿por qué nadie cuenta cómo duele esta mierda?. Azul iluminando negro de mi sangre ¡y yo preocupado por no ensuciar nada! Pero igual mi camisa, la pared, mi rostro, sienten la tibieza de mi sangre salpicada que rápidamente enfría gélida; las venas son demasiado escandalosas pero los psicólogos dicen que los hombres no suelen usar pastillas, si hubiera una próxima vez explotaría más mi lado femenino... si hubiera una próxima vez...



Adentro irradian mágicos rigores

las formas: torre homérica, ligero

caballo, armada reina, rey postrero,

oblicuo alfil y peones agresores.


Nadie puede decir que no busqué, que no me quise aferrar a la mágica línea de un destino con el que soñaba, “pensando en una sola idea me siento un gran punto en la nada”; mi última llamada fue a alguien que nada tiene que ver con mis afectos, simplemente buscando una señal tal vez - “¿me recuerdas?” - “sí, claro, ¡hace tanto tiempo! a ver si un día nos vemos...”- ja, un día, algún día, ¡qué cansado estoy de esperar el algún día de los demás!, qué cansado estoy de simplemente seguir soñando y volando de mentira para ver si me acerco, aunque sea en fantasía, a ese sueño siempre esperado mientras los soldados del mundo se mantienen protegiendo a un rey que no existe y nos abandona, me abandona...


Cuando los jugadores se hayan ido,

cuando el tiempo los haya consumido,

ciertamente no habrá cesado el rito.


En el Oriente se encendió esta guerra

cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.

Como el otro, este juego es infinito.


El segundo corte, no tan profundo, me imbuye de un nuevo tipo de valor que nadie entendería, aún puedo sonreír cínico, ¿soy cobarde por abandonar la vida?, ¿soy fuerte por ser capaz de soportar el dolor de desangrarme lentamente?, “no quiero estar cuando se apague el fuego, no quiero estar seguro, prefiero no estar... no quiero estar donde no sopla el viento, prefiero estar sediento, prefiero estar desnudo”, bah, estoy a destiempo para filosofar, quiero simplemente esperar ese bendito momento que todos repiten, ése en el que supuestamente nuestra vida nos pasa entera frente a nuestros ojos, pero no llega y no quiero aterrarme ahora, mi mayor miedo siempre fue dejar cosas incompletas y nunca pensé que lo más incompleto que puedo dejar al morir es mi vida, ¿cuántos más abandonados repetirán éste mi ritual de despedida?...


II

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada

reina, torre directa y peón ladino

sobre lo negro y blanco del camino

buscan y libran su batalla armada.


No hubo claridades que me iluminaran ni oscuros caminos que me cobijaran, sólo fui espectador de una lucha que no era mía y poco a poco me convertí en un peón de mis errores, entre blancos volando sin alas y entre negros huecos de inodoros vomitando mi vida una y otra vez, peleando de mentira, consumiendo historias ajenas para ver si así construía la mía “ninguna idea, otra noche más anestesiando mis sueños”; hoy intento simplemente sacar de mis venas no sólo mis vicios sino mi destino, esa maldición que parece estarme asignada sin pagarlo ni pedirlo. Es mentira que uno se lamenta cuando lo decide, uno realmente descansa, como si se quitara un peso de encima, “ya basta” se convierte en plegaria y religión y la hojilla cortante en absolución; no me lamento y no me arrepiento y por fortuna sé que no me queda mucho tiempo más para arrepentirme. El vaso vacío de un tequila consumido me observa desde la mesa y un infantil y crudo “Principito” de parafina me sonríe burlón a su lado viendo con ojos huecos las migas de pan que no limpié de mi “Última Cena”, la de un humano y no la de un mito, pan y tequila, sin apóstoles adoradores ni seguidores tontos de la gran mentira... nos abandona, me abandona, no existes, nada existe, ni yo...


No saben que la mano señalada

del jugador gobierna su destino,

no saben que un rigor adamantino

sujeta su albedrío y su jornada.


Por una vez al perder mis fuerzas y mi albedrío finalmente me siento dueño y Dios de mí mismo y mi dedo medio se yergue ante la nada que me rodea mientras aquí, recostado irreverente contra una pared que desdibuja un blanco y un celeste, me río de todos y del destino; nadie ve mis lágrimas, ni yo mismo, y también de ellas me río; no sé de la sangre que me encharca el cuerpo, no sé del olor a gas que desprende mi cocina encendida, no sé del color particular de la luna esta noche, no sé de nada, sólo de muerte, y aún así me río de los mitos, no veo túneles luminosos ni manos esperándome al final, tampoco un foso de ardientes brillos naranjas se abren a mis pies, ni siquiera he recordado un maldito día de mi niñez, ni mi adolescencia y mucho menos de mi adultez, estaba demasiado distraído entre “icos” e “ínas” para tan sólo poder registrarla en un coherente relato de mí mismo, “no vi, lo sé, y desde lo más alto caí, me dejé llevar, sin pensar...”; sólo veo un cuadro de un terrible Chagall, matices expresionistas que alteran los sentidos coloreando dos enamorados recién casados burlándose de mí bajo la Torre Eiffel y un cabrito en un cielo imposible tocando el violín de mi última melodía “Mi realidad mi fantasía, bromeando gran parte del día...”; ni siquiera estoy cansado ya, tampoco floto, tampoco me desgarro en dolor, simplemente no hay nada, nada...


También el jugador es prisionero

(la sentencia es de Omar) de otro tablero

de negras noches y blancos días.


Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.

¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza

de polvo y tiempo y sueño y agonías?*


Me rehúso a creer que la luz que un día soñé eran esos dos, cuatro, ¿seis? Focos blancos y brillantes sobre mí, no eran esas blancas paredes las que esperaba en el “después”, tampoco algodón raspando mi nuca y mi espalda, ni una almohada ridículamente plana que apenas puede separar mi cabeza de una solitaria cama; ni los ángeles tenían estetoscopios en la mentira que nos cuentan, tampoco había un bip atronador en mi oído izquierdo entonado rítmicamente con un corazón que apenas está mal latiendo, ni siquiera esperaba que mis neuronas incluso funcionaran preguntándose a sí mismas “¿qué pasa?” o asimilando las noticias en la respuesta “aún estás vivo”, ni más tiempo para filosofar y darme cuenta de que aún me cuentan los minutos para un arrepentimiento. Hoy sólo sé que aún camino, con descendencia de menos, con pasado de más y con la sonrisa intacta; todavía mi dedo medio se levanta ante la nada cuando veo el color particular de la luna de mis nuevas noches “La luna anuncia cuál será la ruta final” y la sangre ya no se derrama sino que marca burlona las heridas que una vez ocasioné donde cada día aún me corre el pulso, mientras me baño de nuevo de inciertos y luchas y sigo de frente con mis sentencias de peones, alfiles, torres, caballos, reinas y reyes no agotados, resucitando siempre, volviendo siempre a un sueño, este sueño...


“Nos hemos ensamblado dentro de este antiguo e insano teatro para propagar nuestro deseo de vivir y escapar de la hormigueante sabiduría de las calles.”
An American Prayer
Jim Morrison (An American Prayer)


* Poema “Ajedrez” de Jorge Luis Borges


Para ti que no sólo lo hiciste posible sino que no abandonaste tus certezas y te diste la oportunidad de volver y continuar con el sueño ...

23 de diciembre de 2005.

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