domingo, 31 de mayo de 2009
Beso de Sangre
Era el tercer invierno que esas máscaras se encontraban en el blanco salón. El vals esperado, la hora exacta y ellos, pacientes inmortales rondándose una vez al año, fijaban unas pupilas sobre las otras, lo único que quedaba libre tras las caretas que siempre los ocultaban.
Negro profundo y sueños esmeraldas se volvían a encontrar.
No eran necesarias las palabras, el ritual era tan ansiado como planeado los restantes 364 días del año, llegaban al medio de la pista, se apagaban las luces, se despojaban las máscaras y marfil izquierdo el de ella, derecho el de él, abrían el pequeño orificio en la comisura de sus labios, orificio desde donde brotaba la vida y lo más profundo que podrían entregarse. El placer de los súbditos observadores se exacerbaba al refulgir el incandescente carmesí de las gotas que brotaban y todos estallaban en frenesí y lujuria cuando los blancos labios de sus reyes oscuros se tocaban. Finalmente, entre lenguas sedientas, salivas ensangrentadas y gélidos alientos, los ángeles oscuros se otorgaban su eternamente esperado beso de sangre…
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