sábado, 30 de mayo de 2009
SABIDURÍA
Nadie soportaba los berridos de la niña repitiendo “quiero saber, quiero saber”. Una mujer extraña la tomó del brazo y le susurró algo al oído. Los berridos se calmaron, la mirada de la niña se perdió en el horizonte y su cuerpo lentamente se desvaneció. No hay infancia que pueda existir cuando le revelan la verdad de la vida.
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