martes, 25 de febrero de 2014
Por la Venezuela que recuerdo, la que quiero que volvamos a ser...
jueves, 8 de julio de 2010
Él me explora, yo viajo

Él me rodea de nuevo las ganas, siento su aliento rozarme detrás del cuello, y la piel, conforme, reacciona para aceptarlo. Vello a vello se erizan los poros y pretendo seguir durmiendo tan sólo para esperar que me seduzca de nuevo, que su mirada oscura y profunda me observe con ganas la espalda, que sus pupilas me rocen la línea que baja hasta mis glúteos y yo sentirlo como si no le hicieran falta manos para tocarme.
Sentir que su cuerpo se aproxima me sabe a dulce anticipando salado, me estimula las humedades nada más imaginarlo y un pequeño suspiro se escapa de mis labios a modo de respuesta a las caricias nacientes y sus dardos. Su mano pronta me ataca hacia adentro y yo, en el entresueño, dejo que mi sexo despierte primero; abro las piernas para recibir sus dedos y con mis diez brasas intento quemarle más aún su erecto anhelo.
Y así nos vamos enredando, dedos, piernas, lenguas, sexos… le pido penetrarme, le muerdo lentamente cada dedo que antes estuvo dentro y nacen las tempestades; me sigue, lo sigo, yo acoplo ganas y él me besa, me atrapa; ríe y lo escucho en la oscuridad de la cama, jadeo y me complazco en liberarme, sobre él, bajo él. Jugando a quererlo, jugando a tenerlo.
Transitamos placeres, bordeamos éxtasis, detenemos el espacio y él me baña de sudores extraños; retomo y lo lamo, golosa como su sabor, aprieto su cuerpo, araño sus rincones y me aseguro de raptarlo para siempre y para mí; ya segura acelero y lo acelero, me clava, me estaca, me mata y grito, gritamos… me acaba, lo acabo, me siento plena de él y sus líquidos hirvientes en mi cuerpo, en mi mente…
Extasiada al fin me atrevo, sé que ha terminado y abro los ojos para ver que no es él, eres tú, y mientras, ajeno, él se me pierde de nuevo, aguardando otra noche volver en el eterno esperar de mis sueños…
domingo, 8 de noviembre de 2009
Definitivo. Dudoso. Relativo
no me banco vivir conmigo misma
duermo este estado comatoso de miedo al miedo
al miedo
al miedo
al miedo
al mie…
per secula seculorum amen…
soy humana y media
y mitad de un ser al mismo tiempo
y no me banco ser.
Ojalá hasta enunciarlo fuera más sencillo.
Es dudoso,
sonreír no me gusta,
me “enfeece” la habilidad perfecta de amar melancolías
disfraza mi incapacidad de ser feliz
porque no me da la gana
y más que amén…
Es relativo,
llorar tampoco me es fácil
río sin comprensiones sobre dolores
vivo feliz en la tristeza
y amargo mi trago de experiencia
verbalizo la palabra inexistente
para justificar adverbios terminados en “mente”
Porque definitiva, dudosa y relativamente
soy…
A.
domingo, 18 de octubre de 2009
AL FINAL DEL CAMINO

No hay más nada que hacer, tengo que verte de nuevo. Sé que me has esperado todo este tiempo desde que te rechacé cuando adolescente; puede ser que sientas un poco de molestia porque te busqué una vez y no me atreví a dejarme poseer por ti, pero desde esa vez he sentido tus deseos de tenerme y hoy te complaceré, en esta ocasión no será de lejos, como siempre; lamentablemente será la última vez que te vea, este encuentro no debe ser muy grato, pero de seguro será lo mejor que puedo hacer después de tener que pasear sola con mi perra, y qué decir de tener que salir a que me nieguen a tomarme un buen vino tinto, pero eso no es lo que más me ha dolido, además sólo una vez me vestí para la ocasión y fue de negro intenso para una danza donde no bailé, esta soledad sólo me puede llevar a tu encuentro porque ya me cansé de esperar a que te atrevas a buscarme tú a mí, es que ni siquiera tú me buscas, tengo que hacerlo yo, como toda la vida, como toda mi historia, bueno estoy clara en que es un poco mi culpa, por sentir que domino (o por intentarlo) y no dejarme dominar ni siquiera por una persona que quiere darme lecciones, ¡equilibrio de fuerzas!, já, debí saber desde el principio que eso es una utopía, sólo una vez fui feliz y estaba soñando, pero es tan arrecho esto de controlarlo todo que hace mi subconsciente me da instrucciones para soñar. Hablando de soñar, dos veces me paré en pies que no eran míos a ver qué tal, pero no, todo igualito, terminé marcada por un estigma y en un lugar sucio donde sinceramente jamás me gustaría terminar, ¡coño será que este idiota va a avanzar alguna vez!, después una le toca corneta y los coños de madre dicen “mujer tenía que ser”, entonces una se tiene que calar una tortuga delante sólo para no pasarlo por la derecha porque no se debe, pero ¿cómo hace uno para pasar por la izquierda en un canal rápido?, y este imbécil que no ve el retrovisor nunca y yo que casi le beso el parachoques, porque a un ser tan inconsciente sólo le besaría el parachoques, vamos a estar claros, y yo que estoy tan apurada por ir a verte de una vez y además dispuesta a todo, no tengo más nada que perder, te encontraré desnuda totalmente, sí, no es simple dramatismo, si hasta la mitad de mí me ha abandonado de tan peleona que estoy, y justo la mitad que me evitaría verte, pero libre de ella no hay nada que nos separe, debo confesarte que toda la vida te he pensado y te he tenido este mismo amor, el más intenso, ese que odia, ese que teme, ese que necesita, ese que desea, ese salvador, ¡coño, tanta soledad me ha puesto demasiado cursi!, uf, ¡por fin la tortuga se me quitó de enfrente!, ahora sí podré ir a mi ritmo en este canal sin llevarme a nadie por delante y que nadie me siga, porque mi encuentro contigo quiero que sea a solas, no quiero testigos ni acompañantes, aún soy una persona responsable y no soy una exhibicionista, además me niego a compartirte, aunque sé que a veces prefieres de a dos y hasta de a tres y delante de todo el mundo, pero eres sólo para mí hoy, te quiero sólo para mí, algo por primera vez mío y de nadie más, si me oyeras sé que te reirías pero no me importa, sé que el encuentro conmigo será único por más encuentros que hayas tenido antes y tengas después con otras personas, no me importa, ¿cuándo será que este camino se acabará?, demasiado largo este viaje para mi impaciencia, yo que tardo mil horas en tomar una decisión y entonces el camino se me pone necio, curvas y curvas, subo y subo y no llego, ya estoy desesperada, te quiero, te deseo, menos mal que cuando te vea ya no habrá nada que decir, espero que no te moleste que sea yo quien te busque y tan decidida a entregarme por única vez, porque a alguien como tú no se debe vivir dos veces, aunque debes ser el ser que posee más enteramente y con más pasión que nadie, lo sé, lo presiento, ayy, ya estoy cansada de tanto pensarte, cómo me gustaría dejar la mente en blanco por alguna vez en la vida, yo definitivamente creo que es mentira eso de la meditación y que la gente consigue dejar la mente vacía, la gran mentira pues, alguien que me diga que tiene la mente totalmente en blanco en este momento a ver que le pego, si eso fuera verdad en vez de llenar mi ocio pensando en ti hasta sin quererlo, estaría tranquilaza de la vida pensando en NADA, pero ya lo encontraré, espero por todos los santos encontrar la paz en tu regazo, ¡coño, el camino se acabó!, por fin tanta paralata mental y acá estás, qué hermoso ser eres, ¿qué te diré?, “hola, estoy feliz de verte”, no, muy formal, “acá estoy, tómame”, ¡peor!, muy puta, sí mis padres leyeran mis pensamientos en este momento, pobrecitos, se horrorizarían de mi lenguaje, yo por encontrarme contigo y tan grosera, mejor no digo nada, sólo tomaré tus manos, lo demás lo dejaré en las tuyas...
***
Toma mis manos, le dije una vez en ese hospital, pero fue demasiado cobarde, siempre me ha temido, como todas me temen, tanta pendejada y yo lo que hago es amarlas, las amo mucho más que la vida misma, pero todos se han creído lo que dicen de mí, “ese ser despreciable”, “ese ser sediento”, hasta me han mentado la madre que no tengo, pero ninguna se me puede negar cuando las elijo, soy un ser amante de la vida, ¿cómo alguien me puede culpar por eso?, claro, con tanto moralismo hipócrita por su puesto que es imperdonable que no tenga selectividad, el que me gusta lo poseo, no me importa si es niño, viejo, hombre o mujer, coño, pero todos están de acuerdo en algo, yo les doy la paz que no encuentran en nadie más, ¿o han visto a alguien que se queje después de que yo lo poseo?, y la muy imbécil ésta que me buscó como palito de romero y cuando me encontró salió corriendo, ahora me vuelve a buscar y acá la estoy esperando porque soy demasiado fácil, nunca me puedo negar cuando me buscan, aunque ha habido momentos en los que simplemente no me ha dado la gana y he preferido poseer a la madre y no a la hija, por ejemplo, cuestión de gustos momentáneos, porque no crea nadie que no me encargaré también de la hija, todo en este ejemplo, a veces agarro hasta a las dos al mismo tiempo, eso depende de lo que me provoque, es que tengo un encanto especial para estas cosas, pocas personas me han podido correr cuando me decido con ellas, como la tal Francisca esa, cómo me hizo trabajar para hacerla mía y nada que pude, pero de todos modos ya vendrá a buscarme ella misma, como esta niña, una vez me rechazó pero aprendió la lección, no la busqué más y de tanto sentir mi indiferencia me busca de nuevo y ahora no creo que corra, eso sí, no pienso dedicarle más tiempo, una vez y ya, que resuelva después, a veces pienso que debería enamorarme de verdad y mantener este amor después del acto, pero no, apenas poseo a alguien ya no me da nota y empiezo a buscar a alguien más, algún día llegará, tengo la esperanza de que exista otro ser al que yo ame y no me provoque nadie más, muchas de mis víctimas se lo agradecerían, aunque esta muchacha no creo que lo haría, ha vivido en soledad mucho tiempo y siente que sólo en mi regazo podrá dejar su mente en blanco, tal vez podría hacer excepciones en esos casos si me enamoro de verdad, cuando alguien me necesite que me busque, esta muchacha me encanta, viene con tanta humildad, me ruega con los ojos que la haga mía, me extiende sus manos, pocos encuentros han sido tan sublimes, cómo me gustaría amarte más muchachita, pero no creo que ame a nadie más como amo a la vida, esa perra que nunca me deja tenerla, apenas me ve se desaparece, qué karma, por Dios, qué karma esto de ser la muerte...
Inspirado en la canción “Toma mis manos” de Willie Colón.
A.Ge.Eme.
8 de julio de 2002.
viernes, 16 de octubre de 2009
El ermitaño del mar
“Un día se sentó sobre esa roca a observar el mar y nunca nadie más lo oyó hablar”. Así decían los habitantes de Marebo cuando algún curioso turista preguntaba por el extraño señor que todos los días, al atardecer, se sentaba sobre la roca más lejana y alta del malecón de Playa Recuerdos. Algunos inclusive advertían a las autoridades que, cansadas de escuchar siempre reportes del viejo, ya atendían normalmente el teléfono diciendo: “Buenas tardes, si es sobre el ermitaño, estamos sumamente ocupados. Si necesita algún otro servicio, con gusto le atenderemos”. En la costa ya era legendaria su presencia, nadie sabía quién era, desde cuando había aparecido, qué hacía allí todas las noches, de qué vivía, cuántos años tendría; pero ningún habitante ya intentaba ni siquiera investigar, sólo le llamaban “El Ermitaño del mar”, como si fuera una estatua o un mito. Lo bueno del viejo es que casi era el único atractivo turísitico de Marebo. De los pueblos vecinos venían “las gentes” a ver, aunque sea por una noche, al famoso ermitaño. Algunos hasta se dedicaban a hacer apuestas con los inocentes turistas: “A que aguanta sin dormirse toda la noche y en la misma posición”, “A que se levanta apenas despunte el alba”… Y los turistas, idiotizados de lógica civilidad, automáticamente apostaban lo que fuera a que no podría pensando que iban a ganar, pero el condenado viejo no se movía ni un milímetro, no se recostaba ni siquiera para descansar y justo al clarear el día, se levantaba y se perdía entre las rocas. Otro día de ganancias para los vivos del pueblo y una anécdota más para los turistas quienes, con los bolsillos vacíos y la lógica conmovida, se marchaban.
***
Bueno, unos días en la playa no me caerán nada mal –pensaba Andrea mientras guardaba el grabador, la libreta y el bolígrafo en su cartera tras haber recibido la orden de irse a la costa, a un viejo pueblo llamado Marebo y escribir la historia de un tal ermitaño culpable de haber vaciado los bolsillos del jefe de la redacción –. Pero es que sólo a él se le ocurre apostar con gente de la costa –meditaba risueña manejando hacia su casa para recoger una maleta antes de salir, –lo que no entiendo es por qué la prisa, pudo haberme dicho ayer para salir hoy temprano, pero lo de ya para ya no lo entendí – Luego de hacer su maleta y dejar al gato con la vecina, se montó en su carrito y manejó durante siete horas hasta conseguir el condenado pueblo que ya ni siquiera aparecía en el mapa y del que nadie sabía dar referencias a menos que les mencionaras al bendito ermitaño. Debería llamarse Marebo del Ermitaño –, pensaba cansada de explicar millones de veces que se trataba del pueblo donde habitaba un señor que se montaba en una roca de una playa toda la noche. – Ahhh, señorita, el Ermitaño del mar está lejos, le faltan como dos horas de camino…– , – No mija, usté agarró por donde no era, mire, si quiere encontrar al Ermitaño del mar, tiene que seguir por la orillita derecho todo el tiempo, pero tiene que estar bien pendiente porque la entradita del pueblo es chiquitiiita, cuando vea un montononón de piedras que se arrejuntan en la orilla ni lo piense y gire pa’lotro lao que la entrada está justo frente al pedrero ¿oyó?.– Después de siete horas, finalmente vio el famoso malecón de Playa Recuerdos y rápidamente giró hacia el lado contrario. Ni pensó en lo contraproducente que hubiera sido estrellarse con la montañita que la había acompañado casi todo el camino por su lado derecho, sólo tenía la certeza de que por nada del mundo se pasaría la bendita entrada y luego tener que manejar, con suerte, otras siete horas más hasta encontrar el camino de regreso. Menos mal que una cosa que sí tiene la gente de los pueblos de la costa es que no te mienten, porque sino, en vez de escribir la historia del Ermitaño, la de la noticia hubiera sido yo – pensaba contenta Andrea mientras observaba con detenimiento el pequeño pueblito de Marebo.
***
Lo primero que se veía en Marebo era la posada, una casa grandota que la dueña acondicionó para que “las gentes” que querían ver al Ermitaño pudieran quedarse a dormir. Al lado de dicha posada estaba una pequeña farmacia, “La Botica del Ermitaño”, rezaba un cartelito de madera guindado en la cabecera de la puerta con dos cordeles metidos en sendos huequitos en cada extremo. Frente a ella se encontraba la Jefatura Civil donde se veía un letrero en la entrada que decía:
Si no está cometiendo un crimen no es nuestro problema.
P.D: Si está preocupado por el Ermitaño vaya pa’ la medicatura
Justo al lado estaba la mentada medicatura con otro cartel:
Si no está enfermo no es nuestro problema
P.D: No se preocupe por el bendito Ermitaño, ese es más fuerte que todos acá
Luego de esos establecimientos se veían unas cuantas casas y al final del pueblo un restaurantito de uso únicamente turístico (los de Marebo comían siempre lo mismo: pescado que sacaban del mar y tostones obtenidos de los miles de plataneros que crecían por todos lados, más nada). – Pero cuando un turista llega no se le puede mantener a punta de pescao – decía el dueño, que todos los jueves se iba para los pueblos vecinos y compraba los alimentos que llegaban de la capital para cocinar esas cosas raras que comen por allá. Aún intentaba perfeccionar la receta del pasticho de pescado que se le metió en la cabeza hacer – por aquello de la mezcla de curtura mi doña, si comen purpa de cangrejo enharinao, ¡qué les va a extrañar un pasticho con pescao pué! –solía decir.
La casa más arreglada era la del Alcalde de Marebo, un señor que – pocas veces sale de su nevera –decían los pobladores, refiriéndose al privilegio que gozaba por ser el único que poseía aire acondicionado en un pueblo donde hacía tanto calor que la gente ya ni sudaba para no perder los líquidos del cuerpo y donde sólo un día al año llovía, un día que nadie podía determinar porque bien podía ser en febrero o en noviembre, en marzo o en septiembre; lo único que sabían es que en diciembre no llovía ni a palos y ese mes justo se desaparecía el alcalde para disfrutar sus vacaciones anuales, – lo que es está de jalabolas del gobierno pes, ¡hasta vacaciones de no hacer nada tiene el condenao!; la casa fresquita, la ropa blanquita, los zapatos lustraos, un carro con nevera también y la musíua que se trajo de no sabemos dónde, todo eso por no hacer más que cobrá impuestos. –
***
Andrea estuvo tentada a escribir más bien una denuncia sobre el alcalde de Marebo pero no lo hizo. Al ver el pueblo y sus costumbres era innegable que aún más importante que el alcalde era el extraño ermitaño, alrededor de quien giraba todo en ese lugar, hasta su economía, – buena frase para comenzar, así aprovecho y le tiro su piedrita al alcalde inútil ese. – Por lo menos ya sabía con cuál frase abrir la historia, lo que no sabía muy bien era por dónde empezar a investigar, sobre todo cuando al preguntar a cualquiera le respondía exactamente lo mismo: –Un día se sentó sobre esa roca a observar el mar y nunca nadie más lo oyó hablar. – Pero peor era cuando intentaba saber desde cuándo había sucedido eso: – No mija, nadie sabe, ese viejo es más viejo que el pueblo. – Parecía que alguien les hubiera dado un manual de respuestas rápidas e inútiles a todos los pobladores. –No me queda otra que hablar con el alcalde, de seguro él tiene registros de la historia del pueblo y de las personas que han nacido y viven en él, todos deberían tener sus partidas de nacimiento, por lo menos –; así que efectivamente se dirigió a la cómoda y refrigerada casa del – Señor Ernopio Comerco, a sus órdenes, ¿Qué desea señorita? –, – Un nombre más fácil de repetir – pensó, mientras intentaba esbozar una sonrisa que disimulara su asombro ante tal mote y le extendía la mano.
– Verá usted, señor Ernapio…
– Ernopio, señorita.
– Disculpe, es la falta de costumbre, ¿puedo decirle Erni?.
– Como usted quiera catira, si se queda a almorzar conmigo.
– Bien bello pues, ahora el viejo este me va a echar los perros – pensó ella –.
– Estas musíuas de la capital si se inventan apodos feos – pensó él –.
– Como usted quiera Erni, mientras no le importe que le haga algunas preguntas durante la comida.
– Muy bien señorita, diga pues, ¿qué la trae a este pueblo tan caluroso?
– Sería menos caluroso si compartiera sus privilegios y no fuera tan corrupto. – Verá señor, soy periodista y vengo a escribir un reportaje sobre el Ermitaño del mar…
– ¡Ayy mija, sería más fácil que escribiera otra cosa, algo así como un reportaje sobre el alcalde de Marebo, su servidor, hasta podría hacer unos arreglos para que se quedara aquí en mi casa y no se asara afuera del calor preguntando cosas inútiles, porque nadie le sabrá responder nada sobre ese señor.
– Me quedaría con gusto si al momento de entrar, saliera usted por esa puerta – Precisamente por eso he venido a molestarlo Erni, le he preguntado a casi todo el mundo y todos me repiten exactamente las mismas frases, pero en algún lado debe haber un registro sobre ese señor y supuse que siendo usted el personaje más educado del pueblo, el que tiene acceso a los registros de todos y que de seguro debe saberse la interesantísima historia de Marebo desde sus inicios…
– Si hay alguna historia interesante sobre este pueblo perdido me encantaría saberla, se lo juro; por otro lado le responden lo mismo porque hace años, cuando el ermitaño empezó a llamar mucho la atención de turistas, hice una reunión en la plaza pública y les otorgué a todos un manual de preguntas y respuestas sobre él para que nadie se pusiera a inventar historias y le sacara más plata de lo permitido a la presencia del viejo, menos mal que me dice que han cumplido mis leyes, porque he escuchado que algunos vivos andan sacándole plata a los turistas a punta de apuestas y eso es ilegal, aprovechando la ocasión, si alguno intenta abusar así de usted no repare, venga derechito que ahí mismito lo pongo preso.
– ¿O sea que alguien debe saber la historia del ermitaño pero nadie se atreve a contarla para no caer preso?
– No catira, nadie sabe nada, es más, yo les hice un gran favor cuando les di la fórmula para responder…
– ¿Ni usted?
– Ni yo.
– Pero ese señor tiene que haber nacido en alguna parte, alguien lo debe tener registrado, alguien tiene que saber desde cuándo se sienta en esa piedra…
– Pues lo único que le puedo decir es que, desde que yo tengo memoria, ese señor se monta en esa dichosa piedra y nadie lo puede bajar de ahí, no le responde a nadie, nadie sabe dónde se mete durante el día y hace mucho tiempo que los pobladores se cansaron de intentar perseguirlo y acosarlo para saber por qué está ahí y de dónde sale…
– Pero, con todo respeto Erni, si ese señor ha estado ahí desde que usted tiene memoria, ¿no debería haber muerto ya?
– Señorita, no soy tan viejo como parezco, aún puedo echar un pié, si quiere se lo demuestro…
– Cualquier cosa menos ponerme a bailar con este viejo verde– No señor, ha estado muy rico todo pero ya debo irme, ¿podría pedirle un favor?
– Lo que usted quiera si me acompaña a cenar una de estas noches…
– Todo sea por el aire acondicionado – Con gusto señor Alcalde, lo que le quiero pedir es que me permita hablar con la persona más vieja del pueblo, o mejor dicho, que le permita contarme lo que pueda saber sobre el Ermitaño, tiene que coincidir conmigo en que alguien debe saber algo y ese puede ser el poblador más antiguo, ¿no cree?
– No creo, pero puede intentarlo si quiere. La persona más vieja es la bisabuela de la señora Noeria, la dueña de la botica, aunque le aviso que esa vieja ya no puede ni mantenerse despierta y nadie ni siquiera intenta hablarle.
– ¿Será que en este condenado pueblo no hay nadie con un nombre normal? – pensaba cada vez más sorprendida– Bueno Erni, le agradezco mucho su tiempo, le avisaré cuando tenga la historia escrita.
– Nos vemos en estas noches, señorita, me debe una cena
– ¡Qué remedio me queda!
***
La señora Noeria parecía tan vieja que era difícil imaginar que su bisabuela estuviera viva y cuando la vio entendió por qué nadie intentaba hablar con ella, era una anciana flaquísima, con una larga trenza blanca que le llegaba a los pies y con los ojos tan llenos de arrugas que no se sabía cuando estaban cerrados y cuando abiertos. Estaba sentada en una mecedora al fondo de la botica, Andrea hizo un gran esfuerzo para no perder la voz ya que tenía que gritarle para que ella pudiera escucharla y aún tenía que hacer otro gran esfuerzo para entender lo que la vieja le decía, la falta de dientes no la dejaba pronunciar muy bien y, para más remate, a veces se quedaba dormida en mitad de una frase. Su bisnieta tampoco era de mucha ayuda porque también estaba medio sorda y no escuchaba ni entendía nada de lo que la bisabuela le decía, por lo tanto, ese día, Andrea exhausta y después de no lograr casi nada, sólo saber por boca de la señora Noeria que la anciana no hablaba desde que se había quedado viuda y que sólo intentaba hacerlo cuando se trataba del ermitaño, decidió dejarlo hasta ahí, descansar un poco antes de ir a esperar a que el viejo se sentara en la piedra y observarlo en la noche, quien sabe, tal vez hasta lograra hablar con él.
Esa noche se instaló con un paquete de cigarrillos, su libreta y un par de bolígrafos, dispuesta a pasar la noche entera observándolo y describiendo lo que hacía paso por paso, pero después de dos horas, casi la mitad de la cajetilla y un párrafo de no haber sucedido nada diferente a verlo llegar de atrás de las piedras y sentarse con la mirada perdida hacia el mar, sin mover un solo músculo del cuerpo, Andrea decidió intentar acercarse a él a ver si eso, aunque sea, le causaba sorpresa. Nada cambió. Ella estuvo como media hora intentando acercarse entre las resbalosas y peligrosas piedras y cuando estuvo a unos cinco metros de él, empezó a llamarle, pero sólo recibió una buena bañada de las olas que casi la hizo caer al mar. En vano recitó todos los nombres de hombre que se le ocurrieron con la vaga esperanza de que respondiera por alguno de ellos, – bueno, tomando en cuenta los nombres de la gente de este pueblo mejor ni sigo intentando con los nombres comunes – desistió y sólo se sentó lo más segura que pudo a esperar a que el viejo se fuera, a ver si por lo menos conseguía adivinar a dónde se dirigía durante el día, pero tampoco eso lo pudo resolver; le sucedió lo mismo que a todos los que lo habían intentado: la venció el sueño cinco minutos y cuando volvió en sí, ya el viejo no estaba.
***
Luego de una semana sin más luces sobre el ermitaño y sabiéndose ya casi todos los cuentos sobre los pobladores del pueblo, menos sobre él, Andrea estaba apunto de abandonar la historia y abocarse a escribir la denuncia sobre el Alcalde (que ya la tenía verde de tanta invitadera a almorzar o a cenar). Finalmente un niñito todo agitado la fue a buscar al cuartito que tenía alquilado en la posada, le dijo que la señora Noeria la mandaba a llamar urgente porque la bisabuela había pedido que “Andrea fuera para allá” – Menos mal que en este pueblo mi nombre no es común, si hubiera sido en la capital la fila de Andreas no tendría fin – pensó – y absolutamente fastidiada sabiendo que seguro perdería el tiempo como el primer día que la fue a ver, se preparó para acudir al llamado.
Cuando entró se sorprendió al ver a la vieja parada frente a la ventana, con su trenza recogida en un bonito moño, sonriendo nostálgicamente e invitándola con un gesto a que se sentara en su mecedora. Andrea, sin salir de su asombro, se sentó y la miró con los ojos llenos de intriga. Antes de que pronunciara alguna palabra, la vieja la miró y, sin abrir la boca, le dijo:
–Hoy va a llover…
Andrea comenzó a sentir miedo, esa no podía ser la misma anciana que había intentado entrevistar unos días atrás, además por más que le estaba viendo fijamente la cara cuando habló, podría jurar que no había movido los labios. No sabía muy bien qué hacer, esa mujer definitivamente no estaba hablando pero ella la escuchó claramente. Me estoy volviendo loca, definitivamente es mejor que escriba sobre el alcalde – pensaba mientras observaba a la vieja –. Repentinamente la bisabuela la miró a los ojos y le dijo:
– Por eso es que nadie sabe nada, el día que va a llover, el único día que puedo yo pararme de esa bendita mecedora y hablar, empiezan a pensar que están locos, o que yo estoy loca, o que soy un fantasma, o ¡qué se yo cuántas tonterías más! Y es que en este pueblo todos son tan brutos, hasta el alcalde de pacotilla ese, que no se dan cuenta de que cuando la vieja, de la que ni recuerdan el nombre, se para de la mecedora, es que va a llover y todavía siguen pensando que es imposible saber el día exacto…
Andrea no podía salir de su asombro, la vieja estaba perfectamente parada frente a ella, arreglada, lúcida y conversadora. Pero aún no se había dado cuenta de que realmente no hablaba, simplemente transmitía sus pensamientos y, con la misma agilidad, leía el de los otros – ¿Y ahora qué carrizo hago? – pensó Andrea…
– Mija ya le está tocando irse, ¡hasta se le está pegando la forma de hablar de esta gente! Y no tiene que hacer nadita, sólo escúcheme a ver si usted es la que puede hacer que ese viejo condenado se muerda el orgullo.
Ya Andrea empezaba a cuidarse de lo que estaba pensando, sintió que la vieja no estaba tan lúcida como le había parecido pero, como buena vieja de pueblo, tampoco se le escapaba nada. – ¿A qué viejo se estará refiriendo? –
– ¿A quién va a ser pues?, ¿usted no vino el otro día a preguntarme por él?, ¡estos muchachos de ahora no sé dónde tienen la cabeza! Yo que pensé que usted estaba realmente interesada, sino no la mando a llamar…
Como pudo, Andrea la interrumpió en sus pensamientos para disculparse y comenzó a recordar todo lo que había pasado para saber del ermitaño (bien concentrada en no recordar el episodio con la vieja para que no se le fuera a ofender) a ver si comprendía todo lo que estaba pasando.
– No mija, no se gaste en buscar disculpas, todos son igualitos, pregunta y preguntan pero cuando uno quiere darles respuestas se ponen brutos, pa’ más remate no me queda otra que decirle a usted, hoy es el único día que puedo echar el cuento y usted es la única que ha venido a preguntar por ese terco, a ver si atolondrá y todo como está me ayuda a que el condenao orgulloso ese se baje de esa piedra de una buena vez.
Entonces por fin alguien sabe de este bendito ermitaño, ojalá terminara de contarme la historia – pensó Andrea involuntariamente sin terminar de acostumbrarse a que la vieja le escuchara todo cuando le pasaba por la cabeza. –
– ¿No te digo yo?, ¡falta de respeto!, aunque parece que tan gafa no eres, porque de verdad ese viejo es un bendito condenao, y ya te cuento mijita, deja el desespero que tenemos toditico el día y yo quiero conversar mucho.
Andrea estaba que se comía los cigarrillos en vez de fumarlos pero se resignó a que la vieja tenía ganas de hablar. Toda vieja, cuando le toca sufrir la indiferencia del mundo, al llegar a cierta edad, en el momento que alguien se le ocurre sentarse a conversar, no lo sueltan más; así que después de largas horas escuchando todos los chismes que la venerable se tenía guardados del pueblo entero (es impresionante todo lo que una vieja guarda en la memoria tras tanto tiempo de indiferencia), Andrea pensó, otra vez involuntariamente: – mejor escribo sobre lo que esta vieja tiene en la memoria y ya está…–
– ¡No muchacha del carrizo!, usted escribe eso y medio pueblo me cae encima. Lo que usted tiene que hacer es contar que ese viejo que se pone en esa piedra no es más que un terco orgulloso que está esperando a que yo le vaya a pedir disculpas por haberme casado con su hermano y no con él, ¿pero qué carambas iba a saber yo que era su hermano, si eran igualiticos los condenaos? ¡Y quién lo manda pues! Ese viejo era tan flojo en sus años mozos que mandó al hermano pa’ la boda porque era muy temprano en la mañanita, el problema fue que el hermano se entusiasmó y mantuvo el engaño hasta la noche, hasta que el muy energúmeno, después de dormir todo el día, llegó a formar un escándalo y prometió que no hablaría más hasta que le pidiera disculpas por no haberme dado cuenta del cambio ni siquiera cuando conocí al hermanito más íntimamente (usté me entiende). Y pienso yo: ¿quién lo manda a flojo pues? Ahora está ahí, sentándose todas las noches sobre la piedra donde nos conocimos esperando a que yo vaya, pero antes no quería y ahora no puedo, y como parece que ese viejo todavía tiene fuerzas para encaramarse ahí, pues quiero que le diga que use las mismas fuerzas pa’ matar ese orgullo y que venga de una vez a buscarme, que si yo lo pude perdonar se deje de pendejadas (con el perdón de la palabrita), que ya está bueno ya, y que es hora de que nos vayamos, que le mando a decir que la muerte no lo ha venido a buscar nada más porque ni Ella aguantaría un viejo tan testarudo y yo ya estoy cansada de devolverla explicándole que no me puedo morir hasta que el “señorito” no me perdone. ¿Me va a hacer usté ese favorcito mijitica linda?.
***
“El Ermitano del mar” terminó siendo uno de los libros más leídos. Andrea se convirtió, sin esperarlo, en una escritora reconocida y respetada. Las gentes de Marebo, en donde finalmente estableció su residencia después de que milagrosamente el pueblo se volviera un lugar fresco, donde llovía por temporadas (como en todos lados), la nombraron “heroína honoraria del pueblo”, siempre le agradecieron haber hecho de Marebo el centro turístico más visitado de la costa del país y ser la responsable de sacar a ese inútil alcalde, además de descubrir la verdadera historia del Ermitaño y ¿quién podría pensarlo? Su vínculo con la bisabuela de Noeria, a quienes no se les vio más desde ese día. Sin embargo, lo que más le agradecieron en Marebo fue haber conseguido que todos en el pueblo pudieran tener un aire acondicionado propio (otorgado por el Estado) y haber logrado que el dueño del restauracito desistiera de su horrible pasticho con pescado.
jueves, 15 de octubre de 2009
Una carta.. Ejercicio para el foro.

Ejercicio para el foro

jueves, 24 de septiembre de 2009
Esta empedrada senda llamada hogar

miércoles, 23 de septiembre de 2009
Relato que no fue seleccionado para el concurso de Tinieblas
No me leas, detente ahora. La tranquilidad de la que gozas está en juego y, en mi único destello de compasión del día, me da por advertírtelo antes de hacer de tu noche apacible la primera de muchos días de zozobra, angustia y pánicos. Ah, el dulce ahogo de la curiosidad, la bella adicción de la vanidad y continúas leyendo… quieres saber y probarme y probarte. Pues bien, te doy la bienvenida a mi mundo, no seré guía, tampoco cazador, estarás en soledad, como yo.
Seguramente estarás esperando que me presente, que te diga quién o qué soy, mmmm, ¿acabas de sentir esa pequeña brisita en tu espalda? Se me hizo provocativa, disculpa, intentaré no repetir el soplido, aunque debo admitir, más que un soplido fue un deseo de que notaras mi presencia tras de ti y no delante, como crees, al leer estas líneas. No te confundas, esto que recorres con tus ojos no es algo que yo haya escrito antes, es algo que se va creando a medida que vas leyendo y no, no corras tus ojos a los párrafos siguientes, desde que seguiste la lectura, a pesar de haberte conminado a no hacerlo, estoy lo suficiente en tu mente como para que tengas la ilusión de que está todo previamente escrito.
Ahora te preguntas ¿cómo puedo yo asustarte? Me adelanto en responderte: no me hagas reír, no pretendo asustarte, no me interesas tanto, pero sí me place jugar con tu ego y tu humanidad imperfecta, ¿te pica la nariz verdad?, anda, ráscala con calma, yo tengo el don de saber esperar ante reacciones tan previsibles si te rozo la nariz con mi uña que, por supuesto, no sentiste.
Calma, estoy aquí, a tu lado o atrás de ti, tal vez hasta dentro, pero no más que eso, siempre he estado y desde ahora siempre lo estaré, aunque si me lees durante el día te envalentones de luz de sol ¿sabes? Es un engaño eso de que los seres oscuros no salimos o no molestamos durante el día o cuando hay luz, lo que pasa es que muchos somos perezosos, pero no todos, fíjate, mira la hora y yo acá estoy conversando contigo y dándole largas a lo que deseas, que te cuente una historia terrible, existencial, romántica u horrorosa de mi vida, el problema es que, propiamente vida, así como la imaginas, no tengo para contar.
Mueve ese pie, se está acalambrando y ya sabes cómo te pones cuando se te duerme el pie, te entra ese pequeño pero inconfesado temor de que algo malo esté pasando y que no lo muevas más o que ese cosquilleo que sientes cuando lo tocas se torne más largo de lo que puedas aguantar y tú y yo sabemos cómo reaccionas ante las cosquillas.
En fin, te parece larga la introducción y es que el problema es que no se trata de una, estoy surgiendo de tus adentros, de tus deseos, de tu frustración inconfesada de intensidades que no podrás aguantar, de tu rabia por estar de “vacaciones” en la vida, tanto que te refugias en este estúpido compendio de palabras para soñar que un ser como yo realmente te habla y te está invitando a vivir – o morir – con gran heroicidad, como en esa última película que te soñaste vampiro, hombre lobo o un simple suicida sin éxito de la vida…
Me parecen patéticos todos los que simplemente intentan soñar que hay algo bueno tras las sombras y no se dan cuenta de que son sombras andantes, yo debería temerle a tus tonos grises, no tú a mi susurro y mi misterio. El real misterio es por qué detestan tanto sus propias vidas y siempre quieren probar, sin consecuencias, libar de este vino envenenado de nosotros, los del otro lado.
Bueno, me llamaste, me soñaste, me alteraste el descanso con tanto lloriqueo inconsciente; acá me tienes, me quieras aceptar o no, y ya no hay vuelta atrás, habrá consecuencias hirientes, habrá dolor, habrá miedo, habrá incertidumbre, sí, habrá todo eso que crees querer, me pasó hace algún tiempo pero estaba más clara para mí la idea de que tendría que renunciar a la paz, al fin y al cabo eso buscamos ¿o no?, sigues leyendo porque es así, quieres alterarte la vida, salir de la rutina, olvidar que eres un número de estadística; quieres desaparecer de este mundo pero sin dejar de viajar por sus calles sucias de humanidad en decadencia.
Tal vez en un futuro maldigas la hora en la que encontraste lo que soñaste y extrañarás ese sonido que hoy te es tan lejano por común, por costumbre de tenerlo dentro… disfrútalo, siente cómo se acelera, como parece querer advertirte que no quiere morir con tu cerebro desbocado, mmm, sí, precipita cada vez más, me gusta sentirlo así, batiendo contra mis dedos desde tu pecho, ¡no! no me apartes, no sabes ni por qué lado te estoy tocando, déjame familiarizarme con ese olvidado golpeteo de un corazón, de tu corazón. Anoche batía con fuerza, lo recuerdo, casi podía ver la piel levemente bailoteando sobre sus vibraciones mientras dormías y apretabas tu pecho con el colchón, por un momento pensé que incluso te me ahogarías y te salvarías de este hoy, pero no tuviste tanta suerte, la tuve yo.
Aunque debo admitir, más bien puede que te esté salvando, esa lenta putrefacción que es la vida ya te está acelerando la caída final y no está mal que le saquemos la lengua y nos llevemos una pequeña victoria de no pudrirnos con ella ¿no te parece? ¿Qué pasa? ¿Ahora tienes miedo? Sécate las manos, estás ensuciando la página y no me gustan las manchas de las huellas dactilares, es algo que arreglaremos en breve, no te preocupes. ¿No te parece más terrorífico eso de nacer pudriéndonos poco a poco? A mí me resulta, desde luego, una burla, un sádico juego al que las hormiguitas que se hacen llamar humanos se ponen a jugar sin chistar, apenas soñando, como tú, que algo extraordinario pase y les reviente el tablero… decía el poeta “¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza/ de polvo y tiempo y sueño y agonías?” para mí no es más que un sádico granjero que disfruta sembrarlos, jugar a verlos crecer y madurar para luego pasarles el zarpazo de una gran hoz y comérselos con ensalada de los otros seres “vivos”, por eso me pasé al lado de los parásitos, yo consumo, como él, de todo lo que respira y tú en tu pequeño lecho de fracasos quisiste tanto creer en mí que aquí me tienes; lo que más me sorprende y me llama la atención es por qué crees que mereces ser diferente y que yo te escoja para que empieces a andar solo y sin guía pero sin putrefacción por la vida ¿será porque tienes demasiada hermosura? ¿Demasiada inteligencia? ¿O más bien por el gran fracaso que es tu vida y tu estampa? Je, ya sabemos que eso lo tienes más claro tú que yo, por lo pronto me divierto con eso de que se te haya calmado el corazón hasta este preciso instante que te lo recuerdo y de nuevo, como quien no quiere, viras los ojos como buscando alguna sombra, agudizas los oídos a ver si por casualidad oyes mi murmullo… vas bien, sigue así, casi casi me escuchas ¿lo percibes? Es como un vientito suave tras tu oreja, si eres capaz y de verdad mereces salir del tablero del granjero sádico, no tardarás en escuchar mi imposible voz diciéndote que ya no puedes parar ya no puedes parar, ya no lo puedes detener, ya no puedes escapar…
¿Ves? Ahora se te coló ese escalofrío antesala del conocimiento de lo inevitable, querías insultar a tu jugador pero no te gusta ser presa de nadie para lograr la liberación de otro… pues lo lamento por ti, siempre serás presa, siempre estarás un escalón más debajo de la cadena alimenticia o de la cadena social, como prefieras… ¿no te has cansado siempre de ser el segundo? ¿No has sentido que siempre te falta poquito pero nunca llegas? Bueno, lamento informarte que eras realmente el tercero, mientras aquél y yo nos peleamos el primer lugar ustedes siempre están de terceros creyendo que pueden escapar ya es tarde, ya no puedes irte, ya no puedes dejar de leer, las palabras te perseguirán porque las oyes, ahí, detrás de tu orejita en forma de vientito suave pero indetenible Te suena muy reflexivo todo esto, apocalíptico, lento, tal vez en demasía existencialista ¡y esa es otra cosa! muchos de ustedes pretenden ser diferentes sin pensar, sin poner a trabajar lo único que realmente les quedaría: el cerebro ¿sabías el chiste peor del granjero? Que mientras les pudre el cuerpo les fortalece el cerebro, todo para que se den cuenta de cómo se marchitan, para que les duela más a la hora de dejarlo todo y tengas bien clara la conciencia al final de los días; sí, tienes razón, insúltalo así mismo como estás pensando, yo no lo hago porque no perderé jamás mi elegancia, pero tú estás a tiempo, es así, no hay otro calificativo para él.
Ahora bien ¿qué tanta disposición tienes de dejarlo todo? Deja de dudar, pretendes muchas cosas pero nada es gratis y eso no es invento mío, conste, las reglas del juego no las planteé yo y las del próximo que estás por jugar tampoco, te lo dije al principio, ahora caminarás en soledad, yo no soy guía, apenas soy entrada y pequeña compañía de este momento y eso porque me divierte que sigas vigilando calladamente tu espalda por si acaso no se me ocurra atacar sin avisar, si es que eso es lo que haré ¿te lo preguntas verdad? ¿Qué es lo que pretendo hacer? Pero no estoy acá para dar respuestas sino para verte y divertirme contigo un rato, contigo y tus ganas de venir conmigo y tu vanidad de creer que me convencerás de no dejarte y quién sabe, hasta quererte… mmm me estás aburriendo un poco ¿sabías?, sigues pensando fantasías televisivas y eso no me va… ¡bien! ¡Muy bien!, estás despojándote de dudas y te estás molestando un poco, es buen ingrediente para lo que quiero. Están bajando las horas, ¿te das cuenta? Es como una antesala de tu futuro, es como un éxtasis de tus deseos, sabes que me resultas algo un tanto patético pero tienes suficiente egocentrismo como para seguir creyendo en ti y en mí y en lo que va a pasar…
Pero no va a pasar nada, no eres tú quien me interesa, necesitaba distraerte a ti para tomar eso que tanto cuidas, perdona, lo del granjero no es mentira, pero ¿por qué asumiste que yo no siembro y cosecho para arrancar lo que más les duele? ¿quién les convenció que lo que más les duele es la vida propia? Yo sé que lo que más afecta es la vida luego de perder la de alguien amado… ahora respira un rato antes de levantarte a cerciorarte de nada, te lo digo para que soportes la confirmación, nunca te dije quién era yo, ni pretendo hacerlo, pero sí te confieso algo, eso que ustedes llaman Dios o Demonio no es lo único con el don de la ubicuidad… Adiós, despídete de nosotros y aprende a pudrirte en soledad, perdón, a vivir.
lunes, 31 de agosto de 2009
Maligna
Nací con púas penetrando,
El alma escondida tras plumas de fuego,
El corazón rodeado de pétalos en veneno.
Piernas que esconden labios de cuchillas
Justo ahí, en el medio.
Lengua y media que va afilando la hoja del disparo
Ojos rasgando pieles gratuitas ofrecidas.
Sin heridas salvo las atávicas
Idiota por concepto
Guerrera por designio
Básica por mandato
Y tengo un pacto para herir
Con letras pequeñas que aceptan
(Y casi piden)
Ser también herida
Sin idea de un poema
Con mucho conocimiento de sueños
Bruta de fantasías
Genia de realidades
Vomitando verde exorcista
Derrumbando tus ansiedades
Maligna ando por tu vida
Como me soñaste una vez algún día
Y me flagelo el amarte
Estúpida mala de novela
Que planea su propia derrota
Antes siquiera de iniciar la partida.
Lo siento, en tu rabia me soñaste
Y en tu amor me lograste
En tu vida me clavaron estas espinas
Y en tu muerte sangrarás por mis heridas.
viernes, 31 de julio de 2009
En respuesta...
Yo nunca supe por qué guardaba lágrimas, gritos, suspiros, dioses con un nombre que no pronunciaba, sólo sabía que añoraba...
Yo nunca supe de estabilidad ni desequilibrio, nunca supe si vivía o transitaba, nunca supe si era o respiraba, sólo sabía que añoraba...
Nunca supe y siempre supe que añoraba...
Hoy no añoro, te sueño cada día, te espero cada tarde, te derramo mis lágrimas, te callo mis gritos, te gimo mis suspiros, te venero al nombrarte, danzo sin rumbo pero segura en tus atinos, te vivo, te transito, te respiro. Soy y ya no te añoro, te tengo, existo.
A.
martes, 23 de junio de 2009
Sin Renuncia
He renunciado a ti.
No era posible
Fueron vapores de la fantasía;
son ficciones que a veces dan a lo inaccesible
una proximidad de lejanía.
Yo me quedé mirando cómo el río se iba
poniendo encinta de la estrella...
hundí mis manos locas hacia ella
y supe que la estrella estaba arriba...
He renunciado a ti, serenamente,
como renuncia a Dios el delincuente;
he renunciado a ti como el mendigo
que no se deja ver del viejo amigo;
como el que ve partir grandes navíos
como rumbo hacia imposibles y ansiados continentes;
como el perro que apaga sus amorosos brios
cuando hay un perro grande que le enseña los dientes;
como el marino que renuncia al puerto
y el buque errante que renuncia al faro
y como el ciego junto al libro abierto
y el niño pobre ante el juguete caro.
como renuncia el loco a la palabra que su boca pronuncia;
como esos granujillas otoñales,
con los ojos estáticos y las manos vacías,
que empañan su renuncia, soplando los cristales
en los escaparates de las confiterías...
renunciamos un poco de lo que antes quisimos
y al final, ¡cuantas veces el anhelo menguante
pide un pedazo de lo que antes fuimos!
Cuando renuncie a todo, seré mi propio dueño;
desbaratando encajes regresaré hasta el hilo.
La renuncia es el viaje de regreso del sueño...
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Andrés Eloy Blanco
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viajamos de regreso al sueño que fue verdad
te equivocaste al darnos renuncia cuando sabías de primaveras
te equivocaste al intentar hacerte renunciar a ti mismo
y a los amores que distantes en el tiempo te leyeran.
nos equivocamos en creerte escritor de nuestros lemas
hacedor de nuestro sino
límite del destino
menos él y yo y la esperanza.
Hoy es otro tu poema que nos alcanza
hoy es otro el silencio de amor y lágrimas emocionadas que nos embargan.
domingo, 31 de mayo de 2009
Cuando llega el adiós
Bombos, tambores, pitos, gritos, platillos. Ellos.
… Y así se despidieron, la música de carnaval sonaba a su alrededor y un silencio que parecía abarcarlos únicamente a ellos dos los hacía recordar, en los ojos que ya no se miraban de frente y en medio de la multitud, esas horas que pasaron juntos.
En medio del carnaval, New Orleáns parecía un pueblo estacionado en las fiestas más antiguas y primitivas a pesar de los dorados y sofisticados trajes y máscaras; Mardi Gras brillaba en su máximo esplendor y ellos se descubrieron entre la gente, los gritos, las luces y los estallidos. En la mente de ella reventaron los vampiros, las sirenas, los poemas de amor, las cartas ofrecidas y leídas, las luces de una montaña, la música de los trovadores. En la mente de él sonaron los bailes y bromas, el aro que salía de la boca de ella, humo dibujado tras su sonrisa cínica y triste, un décimo piso y una ciudad testigo de su unión a sus pies. Y el tiempo se detuvo en unos infinitos efímeros instantes (sólo los amantes entienden ese oxímoron) dos sonrisas, dos melancolías ahogadas en cuatro ojos, media lágrima en los de él, una en los de ella; cuatro manos frías y cuatro pies detenidos como uno solo, la pregunta muda y la respuesta aún más muda.
Lo entendieron entonces.
Habían pasado días, meses, ¿años? Y ellos escogieron el mismo lugar para reír de nuevo. Tan lejos y tan cerca. Mardi Gras, New Orleáns, Mississippi… millones de kilómetros, millones de personas, millones de gritos, millones de sonrisas, millones de minutos y ellos dos evocando el mismo instante cuando los millones eran milímetros y luego nada entre sus dos carnes, entre sus dos almas, entre sus dos corazones. Cuando no los separaban todos los reproches y un error parecía realmente ínfimo ante su amor y su deseo.
En la lágrima de ella caía la imagen de él en la cama, durmiendo después del amor sobre su pecho desnudo y bajo sus manos que le acariciaban el frondoso cabello de hermosos bucles; en su dedo paralizado se dibujaba la imagen borrosa del anillo que ya no estaba; su espera, cuando él tuvo que partir, se detuvo en sus pies y en el hueco del pecho se estacionaron los latidos de cuando él le daba la sorpresa de su presencia.
En la media lágrima de él se ahogaban los intentos de baile, la mirada verdosa de ella, los comienzos de un trabajo duro, el hijo que no nació pero que tuvieron, los ascensores testigos del desenfreno, los secretos entre los dos, los aviones que iban y venían para separarlos y unirlos, las canciones que aprendió por ella y las que ella le cantó una noche en el auto, cuando el frío no los dejó salir y simplemente, con el radio encendido y las estrellas tras el parabrisas, ella le regaló su música y él su silencio de ojos orgullosos y complacidos.
Las lágrimas cayeron y los dos, sin mediar palabra, volvieron a sonreír. Sólo los hermosos recuerdos los abarcaron. No hubo perdones, no hubo reproches, no hubo voz que rompiera el momento. Pasaron uno al lado del otro, se dejaron sentir ese roce de amor, del amor que siempre queda, del amor que nunca olvida, del amor que siempre abarca y que siempre salva, nos salva.
…Y así se despidieron, en su propio silencio entre el carnaval de Mardi Gras, sin firmas, sin separación material; doradas las máscaras, plateadas las lágrimas, brillantes las almas, calmos los corazones.
Bombos, tambores, pitos, gritos, platillos. Ellos.
Aún doliendo
Aún doliendo, aún latiendo…
…todo el sentimiento, toda la tragedia, todos tus te amo rasgando más y más adentro...
Y aquí estoy siempre presente…
Por no abandonar, para decirte que te amo...Por no dejarme, desahogando el pecho...Por no apartarme, susurrando que te extraño...Por no asustarte, diciendo que seguiré aquí, que no fue mentira...Por no aterrarme, entrando aunque sea por tus ojos a través de estas letras perdidas...Por intentar explicar lo inexplicable, por decirte que nunca antes fui tan viva ni tan muerta...Por rogar que un día vuelvas, que vuelvas un instante, tan sólo un instante, a sentirme como ayer, a venir para que te sienta yo también... a venir y quedarte, para siempre quedarte......Y llevarte todos mis besos de sangre.
Y sin sueño, sin apetito que no sea de ti; sin cordura y enferma, te espero, te espero en cada minuto...… te amo en cada segundo...
...Y te he extrañado desde siempre.
Beso de Sangre
Era el tercer invierno que esas máscaras se encontraban en el blanco salón. El vals esperado, la hora exacta y ellos, pacientes inmortales rondándose una vez al año, fijaban unas pupilas sobre las otras, lo único que quedaba libre tras las caretas que siempre los ocultaban.
Negro profundo y sueños esmeraldas se volvían a encontrar.
No eran necesarias las palabras, el ritual era tan ansiado como planeado los restantes 364 días del año, llegaban al medio de la pista, se apagaban las luces, se despojaban las máscaras y marfil izquierdo el de ella, derecho el de él, abrían el pequeño orificio en la comisura de sus labios, orificio desde donde brotaba la vida y lo más profundo que podrían entregarse. El placer de los súbditos observadores se exacerbaba al refulgir el incandescente carmesí de las gotas que brotaban y todos estallaban en frenesí y lujuria cuando los blancos labios de sus reyes oscuros se tocaban. Finalmente, entre lenguas sedientas, salivas ensangrentadas y gélidos alientos, los ángeles oscuros se otorgaban su eternamente esperado beso de sangre…
Para Gochi
Estoy cansada de sueños sin respuestas, de poesía que no sé hacer, de cuentos que no entiendo, de gritos silentes en mi interior. Cansada de estar sentada viendo caer una a una de mis expectativas y fabricándome mi propia y pequeña satisfacción, independiente de nadie, de nada.
Estoy cansada de sentirme obligada a responder a las esperanzas de nadie, no me interesan, no las quiero, no las voy a complacer porque quiero primero para mí y no tengo, simple, ecuación sencilla sin resultado de error.
De lo que no estoy cansada es de ser una mujer triste y nostálgica de vez en cuando, melancólica y seria otro cuando en vez… no estoy cansada de ser yo quizá sólo lo estoy de intentar explicárselo a los demás a ver si por lo menos, al no complacerles, lo respetan un poco.
Estoy cansada de que cada paso de mi vida tenga un pero, un por qué alarmado, una respuesta obligada fuera de cualquier espontaneidad. Estoy cansada de que se odie y se señale lo que a mí no me causa problema, estoy cansada de ser la corregida… estoy cansada de haber sido tantas veces una farsa de mi misma por estar cansada de luchar para ser el agua de mi alma: pura y transparente.
Estoy cansada de pertenecer a este mundo que no me complace tampoco, estoy cansada de luchar contra el destino de ser un número más, de ganar un dinero para comer, de instruir mi cabeza para terminar en un psiquiatra, estoy cansada de que alguien además se atreva a decirme que eso “es normal”.
Estoy cansada de saber que es triste que me ponga triste y no encontrar ni siquiera felicidad en mi condición de miradas perdidas de tanto condicionamiento exterior. Estoy cansada de los libros, de la televisión, de la computadora, de que sea nadie y nada y antes eso no me ocasionara mucho problema, no tanto como ahora.
Estoy cansada de mirar estas paredes oscuras de este lugar que odio, de encerrarme en el baño a cagar lágrimas y palabras y sueños y arroparme de soledad para quererme un poco todo eso que no me quieren los demás y estoy cansada de esperar ser querida también… estoy cansada de conformarme y no conformarme, estoy cansada de ser tan ambigua, tan contradictoria, tan extraña como copié de mis adultos… estoy cansada de no ser, de nadear y querer todear… ¡la puta, estoy cansada de tener que ocultar estos sentimientos para no herir a quien no le importa herirme!
Estoy cansada de esperar aprobación y al no esperarla sentirme tan mal por la recriminación, estoy cansada de ilusionarme pensando un momentito que las cosas van a ser diferentes y luego venga la mierda de destino que me tocó a reírse en mi cara y decirme lo equivocada que siempre he estado.
Estoy cansada de amar porque eso me hace sentir y colaborar y frenar y considerar… porque ya no quiero considerar, ni confiar, ni depender, ni tener compañía que luego me abandone y que se necesite a sí misma tanto como yo me necesito a mí donde no me encuentro.
Estoy cansada de no poder ni con mis decisiones cuando por fin las tomo, estoy cansada de depender de alguien pero no querer ser independiente, estoy cansada de que todo tenga que costar y que nadie me explique por qué carajo tiene que costar… estoy cansada mil veces más que hace diez minutos y mil veces menos que dentro de diez.
Estoy cansada de esperar a endurecerme de una vez y que eso no termine de pasar… estoy cansada de intentar explicarle a otro que no me importa la gente y no poder entenderlo ni siquiera yo.
Y tanto cansancio para que vengas tú y empieces a latirme en el alma, no sé si para darme energía, para quitarme el cansancio o darme más, para protegerme de mí y proteger al mundo de mí, para cambiarme la vida, para romperme la piedra piel que tanto me ha costado construir.
Tanto hastío para que me obligues a agradecerle siempre al hombre que amo por amarlo y darte a mí como un pedacito de continuación que pueda darme la esperanza de no cansarse… tanto tanto odiar este departamento, estos caminos y aquellos, esos ojos y los de allá, estas obligaciones y las pasadas… tanto, bebé, para que vengas a desmoronármelo todo con un latido apresurado y distorsionado desde mis adentros, con forma de grano y ojos de extraterrestre pareciendo sonreírme socarronamente la vida y burlarte más que nadie de mi estupidez que hasta hoy era casi casi entendible.
Tanto odiar lo grande para que lo más pequeño me zarandeara y me diera el bofetón que tantos han querido darme, tanto, carajito bufón, para que me bailes adentro y zapatees desde el más profundo de mis órganos cada tontería escrita y sentida aquí menos tú… tanto para que todo lo que yo creía que no tenía sentido lo tuviera MENOS y realmente porque no importa nada, porque ya estás y porque es así, qué se le va a hacer, somos dos y medio y el medio nos jode los ideales adolescentes y el desorden feliz y caótico en que nos reíamos de la vida… o eso creíamos…
Gracias… ¿qué más?
Mami.
P.D: Lo leerás la primera vez y no me entenderás un coño, la segunda tampoco, ni la tercera ni muchas después hasta mi muerte, pero lo escribí cuando tenías 7 semanas dentro de mí, imagina todo lo que seguramente me queda por decirte y entiende a esta madre de la que seguramente mil veces te quejaste de estar cansado.
Soy inmortal
Soy inmortal, no lo dudo, tus ojos reflejaron en negro vivo mi figura eterna, indeleble, inmutable…
Soy inmortal de tus latidos, me grabé a fuego frío en la piel del destino, conquisté el secreto de lo infinito, acallé los miedos y del dolor los gemidos…
Soy inmortal al descubrir este amor indiscutible, al posar mis ojos en tu limpia mirada inamovible y darme cuenta que no, nunca más acaba, mi muerte ya no existe…
Soy inmortal mundo, te he marcado con mi huella, soy inmortal, él me contiene, soy inmortal él me refleja… soy inmortal, mi hijo, él me lo decreta.
31 Mayo 2009.
sábado, 30 de mayo de 2009
Ángeles sin demonios
- Dime algo
- Te vas a morir, aparte de eso todo está perfecto ¿verdad?
Era así, era simple, mi muerte decidió hundir el pie en el acelerador y se venía vertiginosa, implacable, inevitable, pero no tenía por qué ser un drama, ni una tragedia; venía, sencillamente un poco bastante más rápido de lo normal, sólo quedaba esperarla y decepcionarla con una sonrisa y una buena taza de café.
“Una característica que tiene la mayoría de los tipos de Hipertensión Pulmonar es que no es reconocida hasta que está bastante avanzada. Como resultado, mucha gente puede tener Hipertensión Pulmonar sin saberlo, de modo que puede pasar desapercibida como en su caso…” fueron las primeras palabras que conseguí entender de todo lo que decía el médico al declararme desahuciada, luego de haber tenido una vida sin vicios ni enfermedades que me llevaran a sentirme tan mal; extrañamente Mauro lo escuchaba todo y sólo me escrutaba con la mirada, como pensando cuál sería su próximo chiste, su nueva manera de hacerme reír; como pensando cuál sería su nueva forma de hacerme feliz, su único objetivo evidente desde que decidimos estar juntos.
Entre él y yo todo comenzó tan suavemente como solamente puede pasar desde la amistad, un viaje de graduación en la misma isla donde terminamos quienes no tenemos papi con yate, playa nocturna de amigas cazando aventuras y amigos jugando a ser hombres; borrachos de vida, drogados de sensaciones de nueva libertad, pretendiendo crecer antes de tiempo. Terminamos siendo un grupo hermoso de amigos que se encontraban con frecuencia para distraernos de las desconocidas responsabilidades universitarias; jugábamos rol, nos ayudábamos con nuestras vicisitudes, nos llamábamos casi a diario para comentarnos de aquél injusto profesor, de la excelente nota del trimestre, de los trabajos sin resolver para que cualquiera saliera corriendo a ayudar aunque fuera con el eterno café que nos acompañaba en cada reunión. Pero siempre se simpatiza más con uno y mi empatía era total con Mauro.
En el fondo todos sabíamos que el amor nos había nacido pero como siempre intentamos mantener aquello que nos parece más seguro, ambos nos dejamos sentir los celos ocultos de otro amor, nos aconsejamos para seguir adelante, jugamos a reconocernos poco a poco con la paciencia que no existe en las pasiones y hoy tal vez lo único que lamento es no habernos dejado vivirlo más tiempo, pero ¿cómo? Nuestra amistad se basaba exclusivamente en hacernos reír, él es el payaso de siempre, el perfecto irónico, el fuerte casi insensible que nos sensibilizaba a todos, nuestro pilar… y yo, su alma gemela, el espejo que de repente lo reflejaba sin penetrarlo, como somos todas las imágenes.
Hemos pasado días reconstruyendo lo que ya mi cuerpo no puede hacer; recuerdo sus ojos hinchados al entrar a mi habitación luego del diagnóstico, sonreí para él y su silencio interrogante, “dime algo”, le dije, y él comprendió perfectamente que no le huimos a la realidad, nos reímos de ella, “Te vas a morir, aparte de eso todo está perfecto ¿verdad?” y a partir de ese momento realmente lo estuvo, comenzaban los mejores minutos de mi existencia, y comenzaban gracias a él.
Es gracioso como todo el mundo siente que uno, al saberse muerto antes de tiempo, tiene todas las respuestas, todos los consejos certeros y se convierte, sin darse cuenta ni pedirlo, en el mejor confidente y en el obligado pilar para que nadie más se derrumbe, ja, la mejor metáfora viviente de una lápida ¿quién mejor guarda un secreto? ¿Qué mejor apoyo para recostarse a llorar?
Aproveché esta nueva circunstancia y así supe cómo dos de mis amigos se debatían en un amor compartido, cómo ella no sabía elegir entre los dos, cómo otros redescubrían mutuamente su sexualidad, pero sobre todo descubrí los miedos más profundos de Mauro, supe su historia de amor sin mí mientras no se animaba a confesarme su entrega, me confesó cómo vio mis rodillas (¿¡rodillas!?) aquella noche en la playa, cómo se rió internamente de mis berridos intentando cantar con el grupo recién conocido; también me contó del odio que sintió el día que me escogió la ropa para esa cita a ciegas que me habían preparado mis amigas y que fue él quien pegó los broches en mi espalda luego de ajustarme el corsé para evitar que alguien pudiera “desajustarlo” (y lo logró, luego yo misma no me lo podía quitar) y sin duda lo más hermoso fue escuchar nuestra historia de amor contada por él mismo.
“Escogí las 6 de la mañana sin avisarte para verte despeinada y con ojeras a ver si por casualidad me arrepentía” dijo entre risas para explicarme por qué se había aparecido bajo mi ventana así de intempestivamente a declararme su amor callado durante tanto tiempo “lo peor fue que no me arrepentí porque no podía desperdiciar la oportunidad de verte así todas las mañanas para reírme de ti y tu facha, jamás pensé que podría verte aún peor para reírme, como ahora” y yo con un respirador clavado en mi nariz, bata blanca con rombitos celestes y arrugada, con esa tonalidad morada en los labios y el cabello hecho una estopa sobre la almohada riendo para él “Estará bien que nos riamos así” preguntaba yo, y él: “¿en un momento como éste? Claro ¡más que nunca!”. Me causaba intriga cómo hacía para no abandonar nunca la sonrisa para mí, cómo para llorar sin lágrimas cuando yo lo veía; lo descubrí una noche, por primera vez escuché su voz quebrada mientras me creía dormida, acariciando mi rostro y diciendo “Quiero amarte hoy por si no hay mañana” no quise fingirle mi sueño y me dejé llorar “no quiero morirme Mauro” y apreté su mano, pero al abrir los ojos y verlo destruido no pude dejarnos entregar a la tragedia “no me gusta morirme, recuérdame no volver a hacerlo” y estallamos en la risa y en el llanto libres, como siempre lo fuimos.
Sí, llegó un momento que todos nos creían perversos, al borde de la locura o cínicos en demasía, hasta un psiquiatra vino con la necesidad de que sufriera mientras yo intentaba, como siempre, imitar a Mauro y le decía que podía conseguir más honorarios por horas con una persona que no tuviera fecha de muerte tan próxima como yo, pero él no se reía, se limitaba a intentar convencerme de que tenía que aceptar mi realidad y yo un poco en broma, un poco en serio, le respondía que qué caso tenía curar la mente de una persona que no tenía ya más pulmones para oxigenarla; el psiquiatra nos diagnosticó como una especie de depresivos reprimidos cuando un día entró Mauro y en plena “sesión” dijo con toda su voz “pues nada, ya tengo la perfecta prueba para decir que lo de los pulmones era una excusa para morirte antes de que te declararan enferma mental, pero yo no necesitaba de un psiquiatra para eso, si me dabas un poquito más de tiempo todos se darían cuenta”. Su objetivo era hacerme feliz, era arrancarme la risa ¿de alguna manera se puede pasar mejor los últimos días de la vida?
Y sí, claro que sufríamos, claro que nos lamentábamos, pero nuestros gemidos de dolor eran las risas, nuestro reclamo a la vida y su destino, eran los chistes, muy negros tal vez, es verdad, pero eran ellos nuestro reproche diario y, para cerrar, nuestra venganza sería la taza de café mía antes de morir, suya después de mi partida, ese era el trato, y sabía que lo cumpliría. Además llorar dolía mucho en mi pecho, era muy difícil en mi condición hacerlo libremente, así que decidí reírme, no me exigía tanto la sonrisa o hasta una carcajada, ¿por qué no hacérmelo fácil? ¿por qué no hacérselo fácil? Era tiempo de que también mi único objetivo fuera hacerlo feliz, total para mí ya no tenía mucho caso tener objetivos.
Tuve suerte, toda la suerte del mundo, él ha estado en mi vida y para él son estas palabras perdidas y mis últimas sonrisas retratadas, porque quiero que sepa ser feliz siempre, quiero que se equivoque mucho porque los errores son la mejor manera de aprender, quiero que sepa que me dio todo lo mejor que puede darle a alguien para ser feliz, mil dientes de carcajadas cada mañana, amor infinito y, por supuesto, una taza de café siempre tibia, porque caliente “te la pongo por la cabeza”, como le dije la primera vez que me hizo quemar la lengua con un café hirviendo luego de “hacer el amor con una asmática, ¿qué querías? ¡por lo menos un café bien caliente para poner en orden esos pulmones!”
Ahora lo veo dormir cansado al lado de la cafetera, a la que se ha dedicado cada media hora empeñado en tener un café recién hecho siempre listo y a buena temperatura para mí, dentro de poco seguramente sabrá servirme el último y repetiremos el mismo brindis de despedida que hemos recitado estos últimos tres días “Por los minutos que aún nos está regalando de prórroga la vida” porque cumplí con todo lo que quería, porque pude despedirme, porque pude elegir el minuto del último beso de labios morados.
Y en estos últimos momentos de mis aires, sólo sé que no importa si el que algunos llaman Dios, otros Alá y otros ni mencionan, existe o no, lo que importa es creer en algo, como creo en el amor, porque amar es vivir y estoy segura de que siendo así, por mi Mauro y a través de él, siempre viviré.
Para todos aquellos que saben que vivir la vida y disfrutar sus suspiros es mucho, mucho más que temerle a la muerte.
SABIDURÍA
EL GRAN PINTOR
Tenía un don: Pintaba y su dibujo se hacía realidad, siempre y cuando, claro, fuera posible. Murió solo, jamás pudo pintar a la mujer perfecta de sus sueños.
En-Seres
He llenado los claveles
Del espacio mortuorio que me contiene
Que casi me contiene, no del todo…
De torturas y visiones
Se han llenado las hojas
Del libro que intenta presa mantenerme
Casi me apresa, no del todo…
De días y tensiones
Se me llena la arena del tiempo
Que me suma y más me resta, indolente
Sin multiplicarme, no del todo…
De sonrisas de mil dientes y llantos de menos cero lágrimas
Se me ha preñado el rostro
Que ni en arrugas ni en surcos me detiene
Casi me detiene, no del todo…
Pero de ti, y más que suficiente,
He llenado yo todos mis infinitos limitados rincones
Y en mis espacios, libros, cuentas y paso de años…
…me reflejas… del todo.
Hay momentos que no hace falta decir nada más, hay momentos en que no es necesario decirte lo que es tuyo. Sigue con el reflejo yo sigo con el resto…
Diez minutos
“Diez minutos tan sólo. Tan sólo diez minutos”.
Tu voz me hace presa, me dejo cazar; me llevas, me traes, dominas y me dejo dominar. Cierro los ojos y aquí estás, tú entre mis piernas, tu respiración que se acelera, tu cuerpo que se crece con mis manos; te siento temblar y tiemblo. Mi piel arde. Tu voz tan cerca de mi oído, me invade. Me siento poseída y me abandono. De nuevo mis manos acariciando y tú gimes al oírme, gimes con fuerza. Te nombro. Un hilo sonoro que pugna por escapar a tu oído y un te amo convertido en cantinela. Explotas en un resoplido, grito por lo bajo mi orgasmo para ti. Óyelo, soy tuya, tuya... En esta vida el pacto, en la otra nos buscamos.
- “Hasta el próximo latido”.
- “Hasta que mi alma renazca de nuevo con tu voz”.
Cuelgo el teléfono, aparto la almohada que abrazaba, mi mano húmeda aún entre mis piernas y yo, agitada y sorprendida, intento reírme de la distancia y del destino y susurro, con la lágrima mordida entre los párpados: “Hasta los próximos diez minutos, mi amor. Diez minutos tan sólo. Tan sólo diez minutos”.
31 de mayo de 2005.
viernes, 29 de mayo de 2009
Manos en el Ajedrez
A feast of friends
Jim Morrison (An american prayer)
I
En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas.
El tablero los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.
Diez dedos dueños de mis sueños; dos, pulgar e índice, sosteniendo la hojilla homicida... ¿pero a quién engaño?, es suicida... “Otra vez lo olvidé, otra noche sin ver quién soy...” Persianas cerradas, teléfono descolgado, apenas la caliente luz de la hornilla iluminando el paso fugaz del metal brillando azul y el primer corte... ¡Coño! ¿por qué nadie cuenta cómo duele esta mierda?. Azul iluminando negro de mi sangre ¡y yo preocupado por no ensuciar nada! Pero igual mi camisa, la pared, mi rostro, sienten la tibieza de mi sangre salpicada que rápidamente enfría gélida; las venas son demasiado escandalosas pero los psicólogos dicen que los hombres no suelen usar pastillas, si hubiera una próxima vez explotaría más mi lado femenino... si hubiera una próxima vez...
Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.
Nadie puede decir que no busqué, que no me quise aferrar a la mágica línea de un destino con el que soñaba, “pensando en una sola idea me siento un gran punto en la nada”; mi última llamada fue a alguien que nada tiene que ver con mis afectos, simplemente buscando una señal tal vez - “¿me recuerdas?” - “sí, claro, ¡hace tanto tiempo! a ver si un día nos vemos...”- ja, un día, algún día, ¡qué cansado estoy de esperar el algún día de los demás!, qué cansado estoy de simplemente seguir soñando y volando de mentira para ver si me acerco, aunque sea en fantasía, a ese sueño siempre esperado mientras los soldados del mundo se mantienen protegiendo a un rey que no existe y nos abandona, me abandona...
Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.
En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
Como el otro, este juego es infinito.
El segundo corte, no tan profundo, me imbuye de un nuevo tipo de valor que nadie entendería, aún puedo sonreír cínico, ¿soy cobarde por abandonar la vida?, ¿soy fuerte por ser capaz de soportar el dolor de desangrarme lentamente?, “no quiero estar cuando se apague el fuego, no quiero estar seguro, prefiero no estar... no quiero estar donde no sopla el viento, prefiero estar sediento, prefiero estar desnudo”, bah, estoy a destiempo para filosofar, quiero simplemente esperar ese bendito momento que todos repiten, ése en el que supuestamente nuestra vida nos pasa entera frente a nuestros ojos, pero no llega y no quiero aterrarme ahora, mi mayor miedo siempre fue dejar cosas incompletas y nunca pensé que lo más incompleto que puedo dejar al morir es mi vida, ¿cuántos más abandonados repetirán éste mi ritual de despedida?...
II
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.
No hubo claridades que me iluminaran ni oscuros caminos que me cobijaran, sólo fui espectador de una lucha que no era mía y poco a poco me convertí en un peón de mis errores, entre blancos volando sin alas y entre negros huecos de inodoros vomitando mi vida una y otra vez, peleando de mentira, consumiendo historias ajenas para ver si así construía la mía “ninguna idea, otra noche más anestesiando mis sueños”; hoy intento simplemente sacar de mis venas no sólo mis vicios sino mi destino, esa maldición que parece estarme asignada sin pagarlo ni pedirlo. Es mentira que uno se lamenta cuando lo decide, uno realmente descansa, como si se quitara un peso de encima, “ya basta” se convierte en plegaria y religión y la hojilla cortante en absolución; no me lamento y no me arrepiento y por fortuna sé que no me queda mucho tiempo más para arrepentirme. El vaso vacío de un tequila consumido me observa desde la mesa y un infantil y crudo “Principito” de parafina me sonríe burlón a su lado viendo con ojos huecos las migas de pan que no limpié de mi “Última Cena”, la de un humano y no la de un mito, pan y tequila, sin apóstoles adoradores ni seguidores tontos de la gran mentira... nos abandona, me abandona, no existes, nada existe, ni yo...
No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.
Por una vez al perder mis fuerzas y mi albedrío finalmente me siento dueño y Dios de mí mismo y mi dedo medio se yergue ante la nada que me rodea mientras aquí, recostado irreverente contra una pared que desdibuja un blanco y un celeste, me río de todos y del destino; nadie ve mis lágrimas, ni yo mismo, y también de ellas me río; no sé de la sangre que me encharca el cuerpo, no sé del olor a gas que desprende mi cocina encendida, no sé del color particular de la luna esta noche, no sé de nada, sólo de muerte, y aún así me río de los mitos, no veo túneles luminosos ni manos esperándome al final, tampoco un foso de ardientes brillos naranjas se abren a mis pies, ni siquiera he recordado un maldito día de mi niñez, ni mi adolescencia y mucho menos de mi adultez, estaba demasiado distraído entre “icos” e “ínas” para tan sólo poder registrarla en un coherente relato de mí mismo, “no vi, lo sé, y desde lo más alto caí, me dejé llevar, sin pensar...”; sólo veo un cuadro de un terrible Chagall, matices expresionistas que alteran los sentidos coloreando dos enamorados recién casados burlándose de mí bajo la Torre Eiffel y un cabrito en un cielo imposible tocando el violín de mi última melodía “Mi realidad mi fantasía, bromeando gran parte del día...”; ni siquiera estoy cansado ya, tampoco floto, tampoco me desgarro en dolor, simplemente no hay nada, nada...
También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y blancos días.
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?*
Me rehúso a creer que la luz que un día soñé eran esos dos, cuatro, ¿seis? Focos blancos y brillantes sobre mí, no eran esas blancas paredes las que esperaba en el “después”, tampoco algodón raspando mi nuca y mi espalda, ni una almohada ridículamente plana que apenas puede separar mi cabeza de una solitaria cama; ni los ángeles tenían estetoscopios en la mentira que nos cuentan, tampoco había un bip atronador en mi oído izquierdo entonado rítmicamente con un corazón que apenas está mal latiendo, ni siquiera esperaba que mis neuronas incluso funcionaran preguntándose a sí mismas “¿qué pasa?” o asimilando las noticias en la respuesta “aún estás vivo”, ni más tiempo para filosofar y darme cuenta de que aún me cuentan los minutos para un arrepentimiento. Hoy sólo sé que aún camino, con descendencia de menos, con pasado de más y con la sonrisa intacta; todavía mi dedo medio se levanta ante la nada cuando veo el color particular de la luna de mis nuevas noches “La luna anuncia cuál será la ruta final” y la sangre ya no se derrama sino que marca burlona las heridas que una vez ocasioné donde cada día aún me corre el pulso, mientras me baño de nuevo de inciertos y luchas y sigo de frente con mis sentencias de peones, alfiles, torres, caballos, reinas y reyes no agotados, resucitando siempre, volviendo siempre a un sueño, este sueño...
“Nos hemos ensamblado dentro de este antiguo e insano teatro para propagar nuestro deseo de vivir y escapar de la hormigueante sabiduría de las calles.”
An American Prayer
Jim Morrison (An American Prayer)
* Poema “Ajedrez” de Jorge Luis Borges
Para ti que no sólo lo hiciste posible sino que no abandonaste tus certezas y te diste la oportunidad de volver y continuar con el sueño ...
23 de diciembre de 2005.
















