
Cuando entraba en el camino no imaginaba que esta iba a ser la dirección que tomaría, tampoco me supuse ni me soñé en esta común empedrada senda de muros de hogar, ni con kilos de más y de menos sin cigarro pero con humo, ni llena de leche alimentaria y menos que fuera literalmente buena leche; ni con pies hinchados y luego cansados, ni prefiriendo verte descansar de llantos y no de gemidos...
No imaginé que el más íntimo secreto no se contaba sino se veía y nunca pensé siquiera que compartiría tanta miseria y tanta complejidad en un inodoro, o llena de vómitos y mierda "santa" rogando que aparezca cada día puntualmente y que ambos sonreiríamos de la verdadera y no de la que nos inventábamos...
Tampoco sabía que ese nombre que yo no conocía y para quien guardaba tantas cosas sería al final dos, tres, (¡cuatro!) y me acompañarían el apellido de luchas solitarias que me tocó en vida, no sabía que un simple "ñe" me sobresaltaría todos mis sueños y que aún así me levantaría a diario con energía suficiente para sonreír así no tuviera más sonrisas; no te sabía tan de esta tierra ni me quería tan igual en eso...
No quería, seguramente, no soñaba, no pedía ni añoraba esto que vivimos... claro ¿Cómo iba a pedirlo? Nadie sueña la verdadera felicidad sino quimeras y menos yo, y menos tú, que no buscábamos sino sombras y éramos sombras, hasta hoy, hasta él, hasta esta empedrada senda llamada hogar.
A.

Un texto ensangrentado de felices realidades, un poema brillando en las pupilas de un tercero, un relato entreverándose en las sábanas de una cuna inmensa... es sin dudas, el conjunto de letras más emocionante que leí en mi vida, por lo reales, por lo felizmente reales. Quién diría que las sombras brillarían con el primer rayo de un sol crecido en tu vientre.
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